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Al llegar
desde Puerto Argentino las informaciones que alertaban
sobre el desembarco en San Carlos el Comando de la
Aviación Naval ordeno a la tercera Escuadrilla Aeronaval
de Ataque, con sus aviones A4Q, que atacara allí a las
fuerzas británicas.
Una sección integrada por el capitán de corbeta Alberto
Philippi, el teniente de navío José Cesar Arca y el
teniente de fragata Marcelo Marquez despego desde la
Base Aeronaval Rió Grande a las 15.15 horas. Cada avión
levaba cuatro bombas de 500 libras provistas de cola
retardada tipo “ snake eye”, que permitía al avión
alejarse de los efectos de la explosión de su propia
bomba.
El método de ataque, único posible por las
características y efectividad de las armas de rechazo
del enemigo, consistía en una aproximación rasante hacia
el blanco, en cuya parte final se perdía inevitablemente
el factor sorpresa por la detección radar, el
lanzamiento de las bombas se efectuaba en una sola
pasada en reguero, espaciadas automáticamente con el uso
de un intervalometro.
El
ataque, que obligaba a pasar indefectiblemente sobre el
buque, debía hacerse a una altura tal que permitiera el
armado de la espoleta de las bombas luego de su
desprendimiento del avión. Ninguno de los A4Q estaba
provisto de sistema alguno de ayudas electrónicas que
permitieran al piloto saber si había sido “iluminado” o
detectado por algún radar enemigo. La única información
sobre el enemigo en el área de combates solo podía
provenir del avión explorador que estaba orbitando en la
boca sur del Estrecho San Carlos, pero lamentablemente
la sección del capitán Philippi no logro comunicarse con
él. Cuando estimaron estar a una distancia apropiada,
comenzaron el descenso, al salir de una gruesa capa de
nubes fueron sorprendidos por la presencia de las
primeras islas del archipiélago. Continuaron acelerando
su perdida de altura hasta llegar casi hasta el nivel de
las olas y así en vuelo rasante a mas de 800 km por
hora, casi 14 km por minuto, recalaron al sudoeste de la
isla Gran Malvinas, para buscar contorneando la costa
del Estrecho de San Carlos.
El tiempo había empeorado, había apenas 150 metros de
techo de nubes y la visibilidad se reducían a 1000
metros por chubascos, lo obligaba a cerrar la formación
para no perder el contacto entre uno y otro. Los golpes
de mar los parabrisas, dificultando la visión. Si una
fragata o destructor británico estaba en el canal, no
había ninguna formación y le dispararía sus mísiles
mucho antes que los aviones pudieran tener noción su
presencia.
Pero los aviones siguieron adelante, tal como lo habían
hecho antes los camaradas de la Fuerza Aérea, y como lo
harían tantos otros de ambas fuerzas después. Avanzando
por el estrecho, pegado a la costa Oeste de la isla
Soledad, continuaron hacia Puerto San Carlos.
Cinco millas antes de llegar a la Bahía Ruiz Puente,
vieron detrás de unas altas rocas, desprendimiento de
Punta Federal, los mástiles y las antenas radar de un
buque de guerra que ganaba con velocidad el centro del
estrecho. Los tres pilotos avistaron el buque al mismo
tiempo e iniciaron su ataque de inmediato, girando hacia
la izquierda y cruzando el blanco de popa a proa, desde
la aleta de babor hacia la amura de la otra banda.
A medida que lo hacían fueron lanzando sus bombas en
reguero, tal como estaba previsto, el numeral dos,
teniente Arca, observó un impacto directo en popa
obtenido por el capitán Philippi y el numeral tres,
teniente Márquez, otro impacto igual de las bombas
lanzadas por el numeral dos, todo en medio de una severa
respuesta antiaérea del enemigo.
Pero no había tiempo para mayores verificaciones
saltando sobre la superestructura del buque ingles los
aviones se pegaron nuevamente al agua y a máxima
velocidad, tratando de tomar el camino por donde habían
llegado. Pero su suerte estaba echada, un par de
Harriers estacionados como Patrulla Aérea de combate
(PAC) en el área, aun cuando no habían podido evitar el
sorpresivo ataque de los A4Q, los divisaron cuando
escapaban hacia el sudoeste volando sobre el canal, y
los atacaron.
El teniente Márquez, joven y brillante oficial, luego de
advertir al resto sobre la presencia de los Harriers,
recibió una ráfaga de cañones de 30 mm que hizo explotar
su avión, desintegrándolo. Ninguno de los otros pilotos
lo vio. El teniente Arca observa sin embargo el impacto
de un mástil en el tubo de chorro de la turbina del
avión del capitán Philippi quien, tomando altura se
eyecto
-Hizo una
supervivencia en el agua y logró llegar a tierra, donde
se unió a una familia de kelpers, estuvo dos días con
ellos, hasta que por radio se comunicó con Puerto
Argentino y un helicóptero lo fue a buscar. Primero se
había refugiado en una cabaña y para comer tuvo que
matar un cordero.
El avión del teniente Arca fue impactado en ambas alas
por el fuego de cañón. Con su avión averiado trato de
llegar al Puerto Argentino, soportando en el camino un
nuevo ataque de una FAC enemiga. Una vez sobre Puerto
Argentino, los observadores en tierra constatar que el
tren de aterrizaje estaba tan dañado que su descenso
seria imposible. Se le indico entonces que se dirigiera
hacia la Bahía y eyectara. Así lo hizo el teniente Arca.
Un
helicóptero del ejercito fue a rescatar al piloto caído
en el agua. Este helicóptero no estaba equipado para
esos efectos pero su piloto, el capitán Svendsen del
Ejercito Argentino, sin medir riesgos, recurrió a un
procedimiento extremadamente peligroso, hundiendo los
esquíes del helicóptero en el agua facilito que él
naufraga se aferrara a uno de ellos y así, colgado a muy
baja altura, lo recupero llevándolo hasta la playa.
Volviendo un poco atrás y recurriendo a una información
británica sabemos con mas exactitud lo ocurrido al buque
atacado ese día. Era la fragata Clase 21 HMS “ ARDENT”,
armada con Exocet MM38 y equipada con mísiles SAM Sea
Cat, cañón de 4.5 pulgadas y antiaéreos de 20 mm. Dice
Así:
Durante la madrugada del 21 de mayo, el buque realizo
tareas de protección a las fuerzas anfibias que llegaron
a San Carlos para establecer una cabeza de playa. Luego
se aproximo a la costa de la Bahía Ruiz Puente para
bombardear las posiciones argentinas en Goose Green y
Darwin.
Una hora y media después, al amanecer, la nave comenzó a
soportar una secuencia de dieciséis ataques llevados a
cabo por aviones Mirage y A4B de la Fuerza Aérea
Argentina. El capitán de fragata Alan West, Comandante
de la Ardent, declaro a la revista “Navy News” ( julio
de 1982), que dos aviones A4B hicieron blanco provocando
un incendio que fue controlado rápidamente. Fue entonces
que, para buscar protección en la costa y tratar de
reparar los daños, condujo al buque hacia Puerto San
Carlos.
Según el relato de West, posteriormente tre
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