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Cabo José García
La carga que permanecía aparcada en el aeropuerto estaba
la espera del turno de transporte.
Como seguridad de la misma permanecía unos 10 o 15
soldados y 3 o 4 suboficiales.
El bombardeo del 1ro de mayo ya había ocurrido y
estábamos nerviosa e inquietamente en situación, luego
de lo que habíamos visto en aquel momento.
Uno de los días siguientes nos comunican que había
"alerta negra", lo que significa posible desembarco
anfibio en la zona.
Esa noche ,e encontraba de turno en la seguridad de la
carga; cualquier ruidito o movimiento extraño me
aceleraba el pulso y no me pasaba desapercibido.
Como medida de seguridad, el Capitán nos había hecho
preparar distintas posiciones, entre ellas un par de
pozos de zorro.
Conversaba muy amenamente con el sargento 1ro Aguirre
cuando me pareció ver movimientos de gente que
aprovechaba la oscuridad.
Sigilosamente, con el FAL listo, me aproximé a observar,
mientras se alertaba el resto de la Seguridad.
Aparentemente eran algunos hombres pero ya se
encontraban a más de 150m de nuestro sector y en la zona
de responsabilidad de otras tropas.
No obstante me volvía preocupado y nervioso en busca del
Sargento 1ro Aguirre a quien no lograba ver, cuando piso
en falso metiendo un pie en uno de los pozos; siendo no
solo que mi cuerpo se frena contra algo, sino que ese
algo se incorporaba con violencia y asomaba la boca de
un arma desconocida.
Todo fue una acción refleja. Mientras perdía el
equilibrio y "los pelos se me crispaban" una rápida
asociación de ideas me mostró a un Comando inglés
enfrentado y oprimí la cola del disparador de mi fusil
hasta que no quedó nada en el cargador.
El enemigo cayó inmóvil y para asegurarme le ordené a
uno de los soldados que estaba próximo, que lo
"cocinara" con un tiro de gracia que apuntado y
disparado obtuvo un "click". No salió el proyectil.
De inmediato ocupamos las posiciones previstas, creyendo
que estaríamos infiltrados por todas partes.
Luego de un par de horas de no notar ningún movimiento y
creyendo que el enemigo al ser descubierto se habría
desplazado o retirado, me acerco con unos soldados para
ver al comando muerto.
Cuando observé no podía entender razones.
Había matado al Sargento 1ro.
Una gran desazón se apoderó de mi espíritu y un tremendo
sentimiento de culpabilidad me aplastaba. Esa noche,
entre otras cosas, habíamos estado hablando de su esposa
y de sus hijitos. Yo estaba destrozado.
Todos dolidos dispusimos, en un acto de respeto póstumo,
tapar el cadáver con una manta.
Cuatro horas más tarde comenzaron a asomarse los
primeros rayos de sol, pero para calentarme un poco el
corazón necesitaba en ese momento pararme muy cerca de
él.
Evidentemente al cadáver le bastaron unos pocos minutos
pues sin salir de la sorpresa vemos que la manta se
movía.
Nos arrojamos a destapar los restos y éstos tenían vida.
Lo revisamos y no había sangre por ninguna parte.
Procedemos sacarlo del charco de agua en que se
encontraba y notamos que estaba medio congelado.
Masajes cachetadas, palabras; sólo faltaba darle un beso
de alegría. Lo paramos como un robot sin pilas y lo
hacemos caminar un rato hasta que recobró el aliento y
pudo hablar.
El Sarg 1ro había tomado posición en uno de los pozos de
zorro y mientras se encontraba agachado yo le había
pisado la espalda. El, tan sorprendido como yo o mucho
más, recibe unos cuantos disparos mientras quien lo
había pisado se caía.
No tuvo dudas. Era un comando enemigo, pensó el Sarg 1ro
y cayo de "panza" en el poso que estaba con agua.
En su "shock" emocional, nos escuchaba conversar en voz
baja, pero para él nuestro idioma era inglés, de modo
que interpretó que debía continua
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