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Una fortaleza militar en
las Malvinas
PUERTO ARGENTINO.- Apenas el sargento Derek Gewars
levanta el pulgar derecho, la batería de misiles Rapier
empieza a moverse de izquierda a derecha. Sube un poco;
baja. Seis soldados jóvenes operan la lanzadera y
bromean como si probaran un juguete nuevo. Un caza
Tornado F3 cruza, rasante, el horizonte. Los ocho
cohetes lo siguen. Sólo eso. Inofensivos.
"Ojalá puedan venir en junio; haremos pruebas con
misiles reales." El capitán Ed Lloyd Owen rompe la
ilusión bélica. Es el encargado de guiar a un grupo de
periodistas argentinos por el laberinto de Mount
Pleasant, la fortaleza militar británica para proteger a
las Malvinas de un ataque como el que desencadenó la
guerra en 1982.
Los soldados posan con los visitantes; sonríen. El
simulacro los saca de la modorra de una mañana de
Viernes Santo. Algunos vienen de zonas de Medio Oriente
donde hay guerra en serio y en los seis meses que les
esperan en las islas tendrán entrenamiento duro, muchas
horas muertas y poco fuego.
Seguro se van a acostumbrar al ruido del viento. Mount
Pleasant fue levantada en 1985 en la región más llana de
la isla Soledad, con acceso fácil al mar y sin
obstáculos para el movimiento de aviones y helicópteros.
Como es feriado, casi no hay tránsito en la red de
avenidas que comunica los cuarteles, los campos de
operaciones, la base aérea y los barrios de casitas
marrones de techo verde donde viven los cerca de 1500
militares británicos destinados aquí. En otra punta hay
un complejo con cines, bares y un barrio para unos 500
civiles. También el aeropuerto de las islas funciona en
la base.
Para llegar, hay que recorrer 60 kilómetros desde la
capital. "Usted está ingresando en zona militar.
Deténgase." El cartel es redundante: una barrera y dos
soldados en ropa camuflada ya eran bastante
convincentes. "¡Bienvenidos!" El capitán Lloyd Owen
-jovencísimo, eléctrico y desestructurado- recibe tras
la barrera a los periodistas de cuatro medios argentinos
que cubrieron en las islas el 25° aniversario de la
guerra.
Es el jefe de prensa de la base y quien aceptó el pedido
de una visita que era prohibida para medios argentinos.
"Apenas se registren podrán sacar fotos donde quieran",
invita.
Los oficiales de la oficina de ingresos deben tomar
fotos digitales a los visitantes, registrar sus datos y
emitir una credencial. Pero se les cayó el sistema.
"Llenen este papelito", dice un soldado escocés de pelo
color fuego.
Descripciones
Primera parada: el cuartel general. Chris Moorey,
comando de la Royal Navy, se presenta en la puerta del
bloque verde donde trabajan los que mandan. Con paso
apurado y ropa de combate, guía al grupo. Hace él la
primera pregunta: "¿Té o café?" Sirve uno por uno y
ofrece galletitas galesas.
Le toca describir las fuerzas desplegadas en Mount
Pleasant, a 700 kilómetros de la costa de Santa Cruz.
Que le cuestan al Reino Unido unos 150 millones de
dólares al año.
Enumera, ayudado por diapositivas: 1500 hombres, 4
aviones caza Tornado F3, un VC10, un Hércules, 2
helicópteros Sea King, más otros cuatro de la Royal Air
Force, tres barcos de la flota real, baterías antiáreas,
tanquetas Más submarinos y el rompehielos Endurance, que
entran y salen de la zona.

"La misión central es proveer seguridad en los
territorios de ultramar en el Atlántico Sur", explica.
Una versión diplomática de las declaraciones que hace
dos meses hizo el jefe máximo de la base, brigadier Nick
Davies: "Estamos acá para evitar que 1982 se repita"
(ver aparte).
La carpeta de prensa que Lloyd Owen entregó al principio
lo pone claro: "Son objetivos de las Fuerzas Británicas
en el Atlántico Sur asistir al gobierno de las islas en
su derecho a la autodeterminación [ ], demostrar el
compromiso del Reino Unido en la defensa de la zona [ ]
y, en caso de ser requerido, usar la fuerza militar para
mantener la soberanía británica".
Moorey, hombre de la Marina, tiene que lidiar con
militares argentinos. Dice que existe una relación sin
complicaciones, y que se cumplen los acuerdos de 1995
que fijaron áreas del Atlántico en las cuales un buque
de un país debe avisar al otro si va a entrar.
La carpeta de prensa no deja pasar el dato sobre el
endurecimiento de la política argentina sobre Malvinas.
Dice ahí: "El presidente Kirchner ha anunciado en
público que el reclamo de soberanía continuará formando
parte central de la política exterior argentina en
2007".
¿Significa eso una alerta para los militares británicos?
Eluden las respuestas. Ni ligan a lo que haga la
Argentina al hecho de que este año se renovará parte de
la flota destinada a Malvinas (llega el HMS Clyde) y
traerán cazas Eurofighter Typhoon nuevos. El equipamento
de Mount Pleasant es similar al que los británicos
tienen en Irak y Afganistán.
La gira sigue por un bloque de hangares y cuarteles.
Hasta llegar al pie de un Sea King amarillo, de 1978,
que se usa para rescates sanitarios. "Tenemos más o
menos uno por semana", cuenta el jefe del escuadrón,
Iaian MacFarlane. Lleva tres semanas en Malvinas. Le
queda otro tanto para volver a Inglaterra. El año que
viene le tocarán otras seis semanas acá.
La mayoría está en ese esquema.
Cerca del Sea King empieza a moverse la batería móvil de
misiles Rapier. "Hacemos ejercicios para mantenerlas
acondicionadas", explica el sargento Gewars. Son como
las que se usaron en el 82, agrega.
¿Qué alcance tienen esos misiles? "Eso no se lo puedo
decir." Lo mismo replica cuando alguien quiere saber
cuántas lanzaderas hay en la base. Igual el dato figura
en el dossier de prensa: los cohetes pueden alcanzar
objetivos hasta ocho kilómetros y hay otras 30 baterías
tierra-aire fijas y "listas las 24 horas del día".

El capitán Lloyd Owen trae una noticia. "En un minuto y
medio pasará el Tornado", les advierte a los fotógrafos.
Así es. El caza pasa como un rayo entre nubes bajísimas.
Llueve un poquito, se acerca el mediodía y acaba de
pasar la sorpresa final de la función.
nota relacionada los
Tornados en Malvinas
Por Martín RodríguezYebra
Enviado especial
Fuente:
La Nacion.com
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